Aventuran las malas lenguas, que a medida que se acerca el triunfo electoral de Partido Popular en las elecciones del próximo 20-N, El Califa Ramón Luís I de Murcia, va perdiendo influencia y sitio a la vera de Mariano Rajoy. Ya no tiene el cachè que tenía, que le llevó a presidir el último conclave pepero en el congreso de Valencia. Que Rajoy le ha ninguneado, olvidado, despreciado…, en la elaboración del programa electoral. Las muy bifidas andan largando que El Califa murciano camina cabizbajo por los pasillos de San Esteban pensando en su amigo Paco Camps, el de los trajes. Aquél que una vez ganado, por mayoría absoluta, el Reino de Valencia en las últimas Autonómicas, para la causa Mariana, el gallego, se lo quitó de encima por aquellos caprichos que en su día chiflaron las carnes del Mont Honorable. El valenciano, le habría puertas y despachos al murciano en el corral pepero de la calle Génova de Madrid. Ambos, hacían uso común de la política botijera que les llenaba las urnas de votos, y como siameses, juntos hacían valer sus atributos en la capital del reino. Al Partido Popular ya no le son muy necesarios los votos levantinos para asegurarse el triunfo electoral; es tanta la ventaja que le dan las encuestas por estas tierras, que el cariño paterno ha cambiado de lugar. Ahora hay que dar calor por tierras catalanas, aragonesas, extremeñas y manchegas, donde hay espacio político que ganar. A nuevas estrategias, nuevos estrategas. Éstos, los nuevos, han interferido de manera decisiva en la cuestión del agua a la hora de elaborar el programa electoral pepero, y donde dijeron digo, ahora dicen diego. O lo que es lo mismo, Valcárcel y el varcálcelato con las vergüenzas al aire. El tan cacareado trasvase del Ebro pasa a mejor vida, y démoslo por perdido, ahora si, ya, de manera definitiva. Me he tomado la molestia de repasar la propuesta electoral del PP, solo en materia de agua, y la misma es ambigua, confusa y falta de compromiso y concreción. Ni siquiera tiene en cuenta lo que hasta ahora se venía aplicando en materia trasvasista, y por tanto, ya no hay compromiso ni garantía de que, a los murcianos, nos llegue agua del Tajo. Solo si hubiese excedentes en la cuenca, matiza el texto, podría autorizarse el traslado del agua, y no hay que ser muy lucido en la materia, para saber que la cuenca del Tajo es deficitaria por naturaleza desde que amasaron el primer pegote de cemento para la construcción de tan polémica obra. Hoy en el PP ser varón en condición masculina está en decadencia, y prima más la condición femenina para hacer valer la jerarquía orgánica. Ahí nuestro divino pastor ha caído en desgracia. La tetas, que son muchas, léase, Cospedal, Aguirre, Soraya, Rudí, Mato, Sánchez-Camacho…, se han impuesto a las carretas, que ya no son tantas.
Bernardo Simón
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